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Por mucho que yo me empeñe...


Me pregunto si hay alguien aún que recuerde cual era la división administrativa de España al comienzo del siglo XIX, cuando reinaba en Rey relojero, el inefable Carlos IV. Entonces la división territorial administrativa se basaba en las Audiencias, y se gobernaban estas desde la capital del reino, mediante la autoridad delegada de los Capitanes Generales y los Intendentes. Ya había cambiado el sistema tradicional cuando Luís XIV de Francia mando a la lumbrera de su nieto a reinar en España, aquel Felipe V memorable.


Sería en el reinado de José I cuando seplanteó por primera vez hacer una reforma de la administración que no llegó a ser efectiva, aunque si fue aprobada por un Decreto de 1810,calcando el modelo departamental francés. Para ello se suprimía todo vestigio de anteriores repartimientos y se creaban prefecturas que hoy harían poner el grito en el cielo a muchos de esos valedores de los nacionalismos, pues, por ejemplo, la prefectura de Pamplona abarcaba parte de Guipúzcoa, incluida San Sebastián; Logroño se integraba en la prefectura de Burgos;en la de Jerez, Cádiz y Ronda; en la de Málaga, Osuna ; en la de Córdoba, Ecija, y así podríamos seguir enumerando los cambios que, de haber sido efectivos, hubieran dado al traste con las pretensiones de los actuales provincianos nacionalistas.


La Constitución Española de 19 de marzo de 1812 afronta de nuevo la reforma de la organización administrativa territorial y aun basándoseen el mismo modelo francés adoptó matices diferenciadores. Crea la provincia, a cuyo frente estará un “ jefe superior, nombrado por el Rey en cada una de ellas”, como precisa el artículo 324. Es la figura del futuro Gobernador Civil, que junto con un órgano administrativo: la Diputación Provincial, y una delegación de Hacienda forman el organigrama de la administración delegada en cada provincia. Igualmente, a cada una de ella se le dotaría de una Audiencia judicial.No se dejaron definidas ni el número de ellas ni sus demarcaciones, y la abolición en 1814 de la propia Constitución por Fernando VII produjo que este proyecto provincialista corriese la misma suerte que el de José I y no llegase a ponerse en práctica.


El Trienio Liberal trae un nuevo proyecto que ve la luz por un Decreto de enero de 1822, en el que se retoma el proyecto de 1812 y se divide España en 52 provincias, de ellas2 insulares y el resto en la Península, pero, nuevamente, la vuelta al absolutismo deja sin efecto el proyecto que no se podrá llevar a cabo hasta 1833, y será el ministro Javier de Burgos, responsable de Gobernación, quien acometa la ansiada reorganización administrativa con base a los modelos de 1812 y 1822, aunque con algunas matizaciones. Estas provincias se configurarán como unidades administrativas territoriales que contarán con un Gobernador Civil, un Gobernador Militar, una delegación de Hacienda y la Audiencia judicial. Inmediatamente después se abordaría la reforma de la administraciónterritorial de Justicia, creándose quince Audiencias Territoriales en las cuales se agrupan las Audiencias Provinciales, ypor encima de todas ellas, el Tribunal Supremo de Justicia. Este esquema ha pervivido hasta la Constitución de 1978.


Ciertamente es necesario recordar que un intento de modificar la división administrativa estuvo protagonizado por los partidarios del federalismo en la I República, y bajo la presidencia de Pi y Margall se acometió un proyecto constitucional que no convenció ni a los propios federalistas, muy profundamente divididos internamente.El proyecto contemplaba la división en 13 estados peninsulares, dos insulares y tres ultramarinos, estos últimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Los de la Península serían: Galicia, Asturias, Castilla la Vieja, Vasconia, Navarra, Aragón, Cataluña, Extremadura, Castilla la Nueva, Murcia, Valencia, Andalucía Baja y Andalucía Alta. Esta curiosa división de esas dos Andalucía muestra el carácter artificial del proyecto que no llego a cuajar por el propio fracaso de la República y deja reflejada la anti historicidad y la falacia de la actual Comunidad Autónoma Andaluza.


La II República, acomete en su Constitución un proyecto autonomista que destierra el federalismo y que se ve impulsado por Cataluña, en mayor medida, y tras ellos por Vascongadas y Galicia, las tres regiones con idioma propio. El esquema constitucional limitaba mucho las competencias de las regiones autónomas, y el desarrollo fue muy desigual. Cataluña obtuvoautonomía en 1932, si bien fue suspendida entre 1934 y 1936. En Vascongadas se daba la contradicción del confesionalismo radical de los autonomistas del PNV, fieles al integrismo religioso de su fundador y no obtuvo su estatuto hasta 1936, estando vigente escasos meses. El resto de los proyectos de estatutos no llegaron a ver la luz. No se puede decir sin hacer profesión de manifiesta falsedad, que la autonomía regional de Cataluña y Vascongadas durante la II República fueran efectivas.


El Régimen de Franco mantuvo la división provincial decimonónica dentro de un esquema político centralista y personalista que imitaba enormemente el sistema de los Austria, y muy especialmente el de Felipe II. Se vuelven a recrear instituciones de aquel periodo, y se utilizan los símbolos y la terminología.Adopta el Régimen el Escudo coronado por el águila y las leyendas de los Reyes Católicos, resucita el término de “fuero” para denominar dos de sus Leyes Fundamentales: el Fuero del Trabajo y el Fuero de los Españoles, el órgano legislativo unicameral se compone por designación indirecta, sus miembros pasan a denominarse Procuradores en Cortes, la Iglesia Católica vuelve a adquirir poder efectivo en la política y la alta Jerarquía se integra en el Poder, en definitiva, se pretendíarevivir el pasado imperial… Algo que no tenía parangón con ningún sistema político conocido porque no era igualable ni al Fascismo ni al Nacional Socialismo, aunque se asemejaba en su totalitarismo, se caracterizaba por su absoluta confesionalidad, radical e integrista hasta llegar a hacer consagrar la propia Guerra Civil como “Cruzada” al modo de las que en la Edad Mediaselibraron en nombre de Dios y para la conquista de Jerusalén, incluso en este aspecto hubo tal similitud entre Franco y Felipe II hasta el punto de tener el General los mismos enfrentamientos con el Papa que en su día tuviera el Rey Felipe, y por los mismos motivos.


La vuelta atrás no trastocó, sin embargo, la división territorial de España, aunque si tuvo repercusión en todo lo referente al desarrollo de las culturas y costumbres peculiares de las diversas regiones, con un riguroso y restrictivo criterio que proscribía el uso cualquier idioma autóctono y solo reconocía el español, relegando a los demás a la categoría de dialectos, Los fenómenos de cultura popular se controlaron a través del poderoso mecanismo del partido único, el Movimiento Nacional, que realizaba una política de desarrollo y fomento de ciertos aspectos folklóricos y costumbristas regionales a través de sus secciones especializadas, que, además, se utilizabanpara controlar cualquier tipo de desvío o pretensión que se saliese de los límites doctrinales prefijados.


De cualquier modo, y a margen de cualquier otra consideración, la división territorialde España que se ejecutó en 1833 se mantuvo hasta la creación del llamado Estado de las Autonomías. Los anteriores intentos no llegaron a aplicarse, y el proyecto federalista no cuajo.Antes de la aplicación de la administración provincial se mantenía el viejo sistema basado en los reinos, las viejas chancillerías y audiencias, y otras figuras de diversa naturaleza.


Al observar el proceso que va desde la tentativa de José I de homogeneizar con el modelo francés laadministración territorial con la creación de esas prefecturas ya señaladas, hasta la propia Constitución de la II República, se comprueba que no ha habido nunca una idea clara de la división que se habría de acometer para dar eficacia a la administración. La peculiar tentativa federal de la I República llega hastael punto de crear esas dos Andalucías, alta y baja, que no responden a ningún motivo ni se fundamentan en anteriores bases o sustentos culturales o sociológicos, y salvo para catalanes y vascos, y ello a causa demotivos distintos, nunca fue preocupación ciudadana la cuestión regional y si ha llegado a serlo no ha sido por otro motivo que la provocación interesada de inquietudes basadas en agravios comparativos fomentados por intereses de los Partidos Políticos y sus miembros, y nunca generados en la propia sociedad.


El mapa territorial actual se conforma por 17 Comunidades Autónomas con competencias plenas en materias esenciales, y que las han utilizado para ir generando una política de distanciamiento y diferenciación destacando las señas particulares de cada una de ellas, y en muchos casos creando esas particularidades que no existían previamente, con lo que se ha fomentado en estas últimas décadas la desigualdadentre los ciudadanos españoles.Ha sido muy especialmente la política cultural y educativa el arma utilizada para general el distanciamiento de las nuevas generaciones de españoles de las distintas regiones autónomas al haber recibido una formación que no ha incidido en lo general y común sino en el particularismo de cada Comunidad, con manifiesta intencionalidad política. El desconocimiento de la realidad de España por parte de las nuevas generaciones, de su historia, de su pasado, es absoluto, pero más lo es el que tiene un joven andaluz sobre la historia navarra o balear.


El resultado evidente es que no se puede pretender que exista en las nuevas generaciones de ciudadanos una conciencia, un ideal, una identificación clara, rotunda y consciente de España como nación, ni que posean un sentimiento patriótico, porque no han asumido sinotangencialmente y de pasada el sentido de ser españoles. Son conocedores de las circunstancias y pormenores de su Comunidad, se les ha generado un sentimiento rigurosamente forzado y artificial de pertenencia a ese pueblo gallego, valenciano o murciano, y han llegado a conocer versiones de la historia de España en las que se justifica su “nacionalismo” y se buscan las causas de su tardío desarrollo en el afán centralizador de España. A miles de estudiantes se les ha generado la idea de España como una fuerza o poder centralista y represor que no permitió nunca la libertad de su región y no respetó su “nacionalidad”, se les ha fomentado una conciencia provinciana de pertenecer a lago mas esencialmente importante que nada, a su Comunidad, a su pueblo, su nación andaluza, murciana o cántabra, liberada ahora de la opresión centralista. ¿Cómo puede esperarse que se sientan españoles los que han recibido una idea descabellada y disparatada de la Historia de España? ¿Cómo se puede hacer comprender a las jóvenes generaciones que todo este entramado es artificial y no responde a una realidad histórica? .


Cuando se habla de reforma de la Constitución, de los Estatutos de Autonomía, de esa falacia de los Derechos Históricos y de todos esos variopintos conjuntos de disparates, incluida la idea de transformar España en una Federación o Confederación de Estados, siempre he tendido a pensar que había que luchar contra esa barbaridad y apelar a la conciencia ciudadana, que había que cumplir rigorosamente la Constitución y defender la unidad nacional. Durante más de tres décadas mantuve la esperanza en la existencia de una ciudadanía consciente pero el hecho de que durante todo este tiempo se haya formado una nueva generación a la que se le ha inculcado que son antes que nada, cuando no exclusivamente, ciudadanos “nacionales” de su Región, en andaluces, extremeños, aragoneses, esas son sus naciones, patrias y a ellas se sienten vinculados, y el referente español es algo secundario, incluso irrelevante o hasta despreciable, y ello gracias a esas competencias plenas de los gobiernos autónomosy a sus políticas culturales y educativas…


Por mucho que se trate de explicar España y de hacer ver que es una realidad superior a todo lo demás, un ideal, la única Nación y Patria de todos, lo que no se puede hacer es que se sientan españoles, se consideren partícipes de España, pertenecientes a ella, quienes no poseen ese sentimiento, quienes no lo han adquirido en su formación como han adquirido su conciencia regional y diferencial. Los sentimientos patrióticos no se generan en cuestión de horas o semanas, hay que vivirlos desde la infancia porque de no ser así no se pueden asumir.


¿Qué más da el mapa, o la forma del Estado? ¿Qué importa que se tome un camino u otro?Por mucho que yo repase mis viejos libros y me empeñe en defender una idea de España, poco se puede hacer si no hay ciudadanos, si no hay una conciencia colectiva de la pertenencia a España, del orgullo de ser español.


Manuel Alba
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Email: abogadoalba@hotmail.com
Poblacion: Marbella
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