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Sobre eso que llaman libertad e igualdad


Me pregunto porque el hombre actual cree en la libertad y el la igualdad como si fuesen realidades tangibles y presentes, como si, de verdad, existiesen más allá del pensamiento, de lo conceptual, del anhelo, como si la libertad fuese un bien que se puede poseer como un objeto, como si la igualdad fuese algo real y posible en nuestro mundo actual o en un futuro….

Me causa asombro que a través de los años que llevo vividos, las manifestaciones individuales y colectivas de mis congéneres en torno a la libertad, a la igualdad, incluso a la posesión de determinados derechos, se han mantenido constantes, partiendo de la base de que, en efecto, se trata de bienes inmateriales que se poseen por el simple hecho de que unos principios políticos determinados lo afirmen o porque se impriman como tales en los textos de constituciones y de códigos: ¡Libertad e Igualdad!.

No he podido constatar a lo largo de toda una vida de observación, de análisis, de reflexión, sino un error consagrado como verdad con carácter universal y dogmático, un error que crece en la medida en que el ser humano se convence de que lo erróneo es lo contrario.  Hemos llegado al siglo XXI en la convicción de que se han alcanzado metas y que la libertad y la igualdad son unas indiscutibles verdades, unos principios, unos derechos conquistados o a medio conquistar… ¿Ilusión, adocenamiento, autoconvicción, percepción ilusoria colectiva?...

Difícil resulta, desde luego, predicar lo contrario al dogma establecido, imposible tratar de defender que ni la libertad ni la igualdad existen, que no pueden existir en el presente y en el inmediato futuro y que el hecho de que se prediquen o se reconozcan en unos textos que, como todo en la vida, pasarán, no significa que se puedan dar en el género humano.

Tampoco es cuestión, salvo en lo relativo a exponer un argumento para la polémica en estas sencillas líneas, pretender que se razone, tanto a nivel individual  como desde un pensamiento colectivo, que esos valores no son sino anhelos, pretensiones de perfección en el marco de una humanidad perfecta…. Pero la humanidad actual no solo no es perfecta sino que ni tan siquiera tiende a la perfección, por mucho que se trate de demostrar lo contrario.

¡Es un problema filosófico, desde luego! Pero es también cuestión evidente que la igualdad consagrada en los textos legales, en los principios universales, en las constituciones y en los postulados morales de  los diversos credos e ideologías no solo no existe sino que se impone, precisamente, de modo coercitivo, por imperativo legal o dogma de fe, porque no existe una tendencia natural en el individuo de la especie humana en su conformación y esencia, en su morfología física y en su razón que le permita sentirse igual a los demás o que le genere la sensación absoluta de libertad.  Todas las conceptuaciones teóricas, todos los principios ideológicos, las tesis teológicas y los textos legales consagran por tal motivo una igualdad y una libertad condicionadas a la represión de cualquier tipo de alegato en contra.

Cuando se establece un principio constitucional, una norma supranacional, un derecho universal, un mandamiento teológico al amparo de una interpretación determinada de la voluntad de la divinidad, en el que se reconoce que todos los seres humanos son libres, o son iguales, lo que de verdad se está tratando de imponer es la aceptación forzada de todos y cada uno de los individuos de la especie de algo que no sienten, que no ven, que no creen, que no evidencian y en muchas ocasiones, no sintiendo la necesidad de avanzar en sí mismos, de prosperar hacia la perfección, no les produce el mínimo estímulo.

Desde la configuración morfológica del ser humano, generado en absoluta individualidad de tal modo que no hay dos exactamente idénticos, que estamos divididos en sexos, en características aproximativas o grupales de tipo étnico, que cada uno tiene per natura unas potencialidades psíquicas e intelectivas diferentes, solo cabe concluir que la verdad es que todos los humanos somos desiguales…. Y en cuanto a la idea de libertad, hemos de razonar que la misma, entendida como se predica, se constriñe a muy pocos aspectos o manifestaciones y estos están cercados por millones de preceptos prohibitivos. Desde el momento en que hay que postular que el límite de la libertad individual llega hasta donde empieza la libertad de los demás, estamos ya enlatando y neutralizando ese presunto derecho universal. ¿Por qué, precisamente se pone ese límite tradicionalmente aceptado e indiscutido?.... Será que de la naturaleza propia del individuo no surge la idea de que la libertad debe estar sometida a la propia razón y debe de ser un sentimiento compartido?.

Ni existe la libertad, ni existe la igualdad, sino que se consagran unos principios que reciben esos nombres pero que distan mucho de acercarse a la verdad, unos postulados que tratan de encauzar los comportamientos individuales sometiéndolos a unas reglas de juego, seguramente necesarias, pero que pueden cambiar con el devenir de los tiempos.

¿Quiero decir que no creo en la libertad ni en la igualdad?... Evidentemente es así, y creo que esos postulados fundados en el humo y mantenidos por medios coercitivos, que esos conceptos con pretensión de universalidad son una pura entelequia y que se mueven en el terreno de la falsa que constituye en sí la vida social.

Por imponer unas conductas so pena de graves quebrantos para el que las infringe no se consagra la libertad ni se alcanza la igualdad, por legislar haciendo discriminaciones positivas a favor de unos individuos de la especie tampoco se consagra absolutamente nada, es más, se acentúan las diferencias y hasta se pueden generar choques y confrontaciones agudas.

Se me puede argumentar que sin esas normas, sin esos principios universales que se admiten, por cierto, por  parte de un sector no demasiado mayoritario de los habitantes del planeta, el mundo sería un caos, una selva.  ¿Acaso no lo es a pesar de esos postulados?.... Muy al contrario de lo pretendido, y muy desgraciadamente, cada día se tiende más a la desigualdad y al enfrentamiento, desigualdad de origen natural incrementada y multiplicada por la acción individual y colectiva de los humanos, desigualdad que se acentúa más en un mundo en el que el bienestar económico hace que por mucho que se legisle, por mucho que se penalice, por mucho que se imponga, la competencia por tener más que el otro, por ser más pujante, más notorio, abre cada vez más la brecha de las desigualdades. La sociedad contemporánea es una sociedad de venganza, de enfrentamiento y de pugna de sus individuos por ser desiguales, y esta tendencia se agudizará en el futuro.

La sociedad contemporánea es también el paradigma de la esclavitud falseada, de la libertad  fraudulenta, que trata de imponerse a base de matices. El gran fracaso nunca reconocido por la historia es que todos los movimientos sociales que se han manifestado en los últimos siglos, todos los fenómenos revolucionarios que han enarbolado la bandera de la libertad, han devenido en situaciones tiránicas, porque en ninguno de esos movimientos, ni en ninguno de sus forjadores, ni en ninguno de sus dirigentes existía la intima convicción del concepto de libertad….

El siglo en el que nos encontramos no es diferente a los anteriores en muchos aspectos porque la humanidad avanza en sentido contrario al que sus postulados predican.  La contradicción aumenta en la medida en la que los avances tecnológicos y científicos van a años luz de las capacidades de los humano. La mente, el pensamiento, la creación progresiva, el avance del individuo como persona, no solo no prospera sino que se anquilosa en la comodidad que los progresos técnicos le brindan. ¿Pensar? ¿Para qué?....

En este siglo presente los mecanismos tecnológicos están creando un estado de irracionalidad asistido, una nueva fe más dogmática que cualquiera de las hasta ahora conocidas. Si la libertad no existía antes, por mucho que se pusiese en papeles mojados con tinta, ahora ya se esfuma bajo el imperio del control que imponen las tecnologías avanzadas, ¿es libre quien se sabe absolutamente controlado, observado, escudriñado por mecanismos que todo lo alcanzan?, y esa igualdad teórica también se tambalea ante las nuevas discriminaciones, los nuevos modos de esclavizar el cuerpo y el alma del individuo semi autómata.

¿Hacia dónde vamos?  En este mundo de contradicción en el que se vende pacifismo enlatado pero en el que cada día hay más enfrentamientos bélicos,   se utilizan los medios técnicos tan beneficiosos para la humanidad para fomentar y dirigir guerras en defensa de principios medievales, Con los nuevos servicios y modos de comunicar se estimula el odio y la crueldad entre los humanos, se predica esa terrible esclavitud, la peor de todas, que es el miedo,  airean y promueven las discriminaciones. Se cometen delitos sangrientos por el placer, convertido en necesidad, de airearlos en las redes sociales, se exhiben las cabezas del enemigo, se siembra terror, se enseña a atentar contra la vida humana, a fabricar armas, a través de internet.

¿Y la libertad, y la igualdad, y esos postulados farisaicos asumidos como dogma?  ¡nada pueden contra esta tendencia a la irracionalidad! No sé si se ha perdido ya la ocasión de regenerar un mundo al que solo une su deseo de desunión…

Argumentaban las antiguas escuelas filosóficas y los movimientos iniciativos conocidos en la antigüedad como “misterios”, y aún mantienen algunos pensadores que hubo una época en la que hubo igualdad y libertad, pero que determinadas circunstancias hicieron quebrar aquellos principios, una igualdad absoluta que imponía incluso un tipo de ser único, sin distinción sexual incluso. Decían que hubo una caída, la caída del hombre en un plano inferior, y pretendían que el objetivo de la humanidad era volver a encontrar aquel momento de esplendor y armonía.

Utopía, fábula, o lo que fuese, aquellas creencias motivaron a Sócrates, a Platón, a Pitágoras, a Confucio, a Pantajali y a tantos otros, en unos u otros lugares del planeta.  Para todos ellos, y para los que les siguieron, la idea de libertad y de igualdad se alcanzarían solo con el progreso espiritual del individuo, con la búsqueda de lo perdido, de esa unidad, de esa palabra perdida que dirían los masones, de ese principio de divinidad en el propio ser de Platón o del propio Pablo de Tarsos…. No puedo permitirme precisar si hay un camino o millones de ellos para llegar a establecer una armonía, un equilibrio, una reconducción, pero estoy convencido que no podrá haber libertad ni igualdad hasta que los humanos no la hagan surgir en su interior, hasta que no emanen tales sentimientos de la propia esencia del ser, hasta que no se conozca el hombre a sí mismo, y conozca así el universo, como indicaba el lema grabado en el templo de Apolo de Delfos.

Todo intento de imponer lo que no surja espontáneamente, que no sea asumido por el pensamiento como natural podrá ser legal hasta que deje de serlo, podrá ser dogma o principio hasta que decaiga, podrá ser derecho universal hasta que sea cambiado por otro….¡Siempre ha venido siendo así!

Solo hay libertad e igualdad en uno mismo y con respecto a su pensamiento y su voluntad, y solo podrá alcanzarse ese anhelo cuando el ser humano pierda el miedo a sí mismo, a conocerse y a enfrentarse con las posibilidades que tiene, porque no teniendo miedo a sí mismo, no lo tendrá a los demás. El hombre podrá entonces, tomando prestadas las palabras de Ortega, “yo soy yo y mi circunstancia, y si no  la salvo a ella, no me salvo yo”, porque en el momento en que se conozca a él mismo, sintiéndose libre, se dará cuenta de que su circunstancia es, ni más ni menos, que toda la humanidad, y entonces sentirá que ha llegado a alcanzar la igualdad.

Pero para llegar a esa meta, hoy utópica, es necesario que cada uno se plantee si cree en la libertad y en la igualdad de los libros y las leyes o si de verdad siente la necesidad, aspira a sentirse igual y ser libre…¡Seguramente hará falta que ocurra un acontecimiento con suficiente poder como para provocar una catarsis!…. Desde luego un mundo de falsas igualdades y libertades, enfrentándose a sus propias contradicciones y dominado por la esclavitud del miedo, no parece ser el lugar ideal en el que generar esta necesaria metamorfosis, pero todo es posible…. Por lo menos así lo creo y desde la soledad sonora de mi vida, desde este  rincón del mundo, que ocupo como inquilino de la vida, trato de avanzar al encuentro de mi mismo, a pesar de los obstáculos, trato de terminar mis días con un cierto conocimiento de mi realidad, quiero avanzar en mi libertad que no es la que me den las leyes ni la sociedad sino la que me otorga el tenerme menos miedo cada día…

     ¿Lo demás?.... Pues lo observo con la inquietud de un niño pequeño y bastante impertinente al que le cuesta reprimirse a la hora de decir lo que piensa y que se siente fascinado por ver en que queda todo esto, si es que me da tiempo a asistir a la bajada del telón, aunque tampoco me importa demasiado si me lo pierdo porque emprendo mi viaje antes, porque seguro que alguien me lo contará después.


Manuel Alba
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Email: abogadoalba@hotmail.com
Poblacion: Marbella
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