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El mito de Kennedy


Confieso mis dudas sobre muchos mitos que se han ido forjando a lo largo de la historia, y, especialmente, los más recientes, los que he visto crecer y magnificarse a lo largo de mi vida. Ha habido personajes que han crecido sobredimensionadamente, tomando carta de naturaleza como ídolos por circunstancias que de no haber acontecido les hubiese dejado al margen y surecuerdo hubiese sido borroso o, incluso, negativo.

Personajes llevados a la cumbre gracias a la torsiónvergonzosa de la verdad, a la tergiversación oprobiosa de la historia, que alcanzaron la grandeza y conquistaros los más altos laureles y honores por cualidades que se les supusieron o se les atribuyeron sin que les hubiesen adornado, o que convino hacerles un hueco en la historia tratando de borrar en la medida de lo posible su lado oscuro.

Ahora se aproxima una fecha que hizo elevar a los altares de la gloria mundial a un hombre, un prototipo de imagen ciudadano ejemplar, de esposo ejemplar, de padre inmaculado construido artificialmente para dar solidez a un proyecto de alcance mundial. El 22 de noviembre próximo se conmemorará el cincuentenario del asesinato del asesinato en Dallas del trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América, John F. Kennedy. Tras su muerte han corrido ríos de tinta, kilómetros de película, horas de documentales, llegándose a crear la imagen mitificada de un arquetipo de ser perfecto, imagen que ya fue cultivándose en su larga carrera hacia la Presidencia, forjada bajo los intereses de su poderosa familia.

Hoy, cincuenta años después, se evoca a un personaje que dista mucho de su realidad, alguien cuya vida pública fue un absoluto montaje, una película, tal vez la mejor que haya producido la cinematografía norteamericana.. El apuesto Presidente Kennedy adornado de una esposa idílica, fina, cultivada, de imagen distante de la mujer media de su país y próxima a la de las más aristocráticas damas europeas, y de unos hijos maravillosamente modelados al gusto de un público que los querría haber tenido como propios.

Durante toda su carrera política interpretó un papel digno de las mejores estrellas de Hollywood y supo ocultar, en la medida de lo posible, la realidad de un hombre ambicioso, mujeriego y despiadado que ansiaba el poder a toda costa. Su esposa, la mítica Jacqueline, también interpretó perfectamente lo que el guión le exigía hasta en los más mínimos detalles,ocultando al público desde su despotismo, su desprecio por quien no perteneciente a la más alta élite o incluso pequeños detalles, por ejemplo, siendo una fumadora empedernida, nadie recordará una imagen suya con un cigarrillo en los labios. Todo en ellos era falso, edulcorado, mediático, cada uno de los momentos que protagonizaron cara al público estaba programado para producir ese efecto idealizador que serviría para alcanzar el poder, día a día, año a año y hasta su muerte que se produjo en unas circunstancias y en un contexto que no deja de resultar espectacular y glamuroso: Rodeado de gente, en plena aclamación popular, en el interior de la fastuosa limusina presidencial descapotable, junto a su esposa, maravillosamente vestida, el asesinato de John F. Kennedy parece un acto más, una parte más, el cenit, el momento álgido de la película.

Frente a ese montaje surge la realidad que trata de abrirse paso entre en espeso bosque del mito artificial, y no me refiero a esa realidad escandalosa de los romances con actrices, de los cambios de carácter por sus problemas de salud.. me refiero a sus contradicciones políticas, sus incoherencias, que tampoco lo eran, sino que estaban fríamente calculadas.Muchos le perdonaron que estuviese a punto de iniciar la III Guerra Mundial con motivo del asunto de los misiles soviéticos en Cuba, o que montase el conflicto de Vietnam, situaciones en las cuales salió victorioso.

En la primera porque los rusos fueron más razonables, y en la segunda porque al morir dejó el tremendo desastre como herencia a quienes le siguieron.En Cuba, por ejemplo, sus ansias de liberar al pueblo cubano le llevaron en 1961 a ordenar la invasión de la isla por Bahía de Cochinos para derrocar a Fidel Castro, tremendo fiasco que esconde una gran mentira puesto que él mismo había mostrado su respeto y comprensión hacia el líder cubano, y así lo expresó cuando aspiraba a la Presidencia y atacaba a los republicanos, en términos tales como “Fidel Castro es parte del legado de Simón Bolívar”,o más demoledor aún: “Una de las cosas de la que no podemos estar seguros es de si Castro hubiera emprendido después de su victoria una trayectoria más racional en el caso de que los Estados Unidos no hubieran apoyado al dictador Fulgencio Batista durante tanto tiempo y con tan escasas críticas, y si al orgulloso y joven rebelde se le hubiera brindado una más cálida bienvenida a la hora de su triunfo, especialmente durante su viaje a nuestro país”. Estas eran palabras del Senador Kennedy en su carrera hacia la Casa Blanca, quien años antes ya había atacado a su antecesor, Eisenhower, por no haberse implicado en la guerra de Indochina, dejando ver su postura belicista que le llevaría a protagonizar el conflicto de Vietnam.

De apoyar en el Senado al dirigente de Vietnam del Sur, Diem, a derrocarlo por temor a una reconciliación y reunificación que parecía estar fraguándose, y la potenciación de una guerra despiadada solo transcurrió un periodo de ocho años. Tampoco Oriente Medio se libró de sus experimentos y no debe olvidarse que el régimen de Sadam Hussein en Iraq surge del golpe de Estado que la Administración Kennedy patrocinó y financio, llevando al poder al partido Baaz , y permitiendo la aniquilación de los kurdos. Y en Africa no dudó en potenciar las revoluciones mal calculadas independentistas argumentando que“ Para nosotros, también, se fundó una nueva nación sobre la rebelión de la dominación colonial" como referencia a la Independencia de los Estados Unidos.

El Presidente Kennedy que se rodeaba de intelectuales, cuya esposa abrió sus puertas de la Casa Blanca a artistas y a la gente de la cultura, no había dudado en sostener que la intelectualidad debía estar al servicio de los intereses y de los negocios norteamericanos, y lo expresó en términos como estos: “el deber del intelectual es el de contribuir con sus objetivos puntos de vista y su sentido de la libertad a los negocios de su estado y de su nación”, o “no necesitamos políticos eruditos…” Así se dirigió a los estudiantes de la Universidad de Wisconsin en junio de 1958.Y podríamos seguir con ejemplos que se pueden encontrar en publicaciones de esas que parece que nadie lee, nadie menos yo.

Para desmontar en gran medida la falsa elaborada en torno a la figura de John F. Kennedy hay una publicación esencial que recoge diferentes discursos desde sus comienzos en el Senado hasta la carrera presidencial frente a Nixon. Es una pieza más del complejo aparato propagandístico que rodeó al ambicioso Senador y a sus intereses que se publicó en 1960 bajo el título“The Strategy of Peace” La Estrategia de la Paz sería el eje de toda su campaña electoral `pero esa paz que propone es tan artificial como su vida pública, como su imagen, como su “Camelot” particular. Cincuenta años después se sigue especulando en torno a aquel asesinato, con hipótesis que no descartan incluso la posibilidad de que constituyese un golpe de estado dentro del sistema para corregir el rumbo de una deriva cuyas consecuencias han perdurado durante décadas.


Manuel Alba
Tel: () -
Email: abogadoalba@hotmail.com
Poblacion: Marbella
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