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Otras epidemias


La lectura de los periódicos, o los noticiarios de radio y de televisión nos han acostumbrado a asumir determinados acontecimientos como habituales, hasta tal punto de que no escandalizan a nadie, mientras que nos brindan otras notician con el suficiente grado de alarma para que, en efecto contrario, la sociedad clame, se irrite, se indigne o se aterre.


¡Todos los días nos agitan sucesos escandalosos, violentos, espantosos!. Pero no todos esos acontecimientos nos alcanzan con la misma intensidad, es más, mientras unos permanecen en el tiempo con una fuerza mantenida y alimentada, otros pasan de largo de tal modo que al cabo de escasas jornadas ya ni se recuerdan.


En estos días la sociedad tiembla por una enfermedad hasta ahora desconocida, un nuevo mal que ha sorprendido al mundo y sobre el cual se especula, se opina, se teoriza y se politiza, como pasa con todo. Ese “ébola”, virus con nombre de río que sobrecoge por lo que de incertidumbre supone para este mundo tan civilizado y tan preparado para solventar cualquier contingencia. Una vez más la Naturaleza sorprende al ser humano con un fenómeno que le hace recordar que en cualquier momento puede sobrevenir lo imprevisible, lo desconocido, y obliga a reflexionar sobre la fragilidad de la vida.


Nos mostramos conmovidos, indignados, temerosos ante esta nueva enfermedad que se puede extender por el mundo si no se encuentra remedio en breve plazo, pero lo que a mí me asombra es que hay otras epidemias en nuestro planeta, hay otros males que se transmiten con efecto multiplicadory que dejamos pasar con demasiada laxitud. Uno de esos males, una enfermedad que no aumenta la temperatura corporal es el clima de violencia extrema en que vivimos inmersos, una dinámica espiral que lleva a la incertidumbre.


En estos días se ha sabido que un hombre ha muerto después de tener un altercadocon unos adolescentes, otro ha perdido la vida alarrojarle un ladrillo desde una azotea un niño de once años,… Todos los días asistimos a hechos de esta índole en nuestro país y en todo el mundo sin que nadie se escandalicen. Son noticias que pasan de puntillas por los medios de información y desaparecen en cortísimos espacios de tiempo…


Me preocupa enormemente que en un momento crítico para nuestra sociedad, los hechos violentos tengan distinto tratamiento, distinta difusión según sean rentablemente noticiables o políticamente aprovechables . ¡La execrable muerte de una mujer a manos de un malnacido tiene eco, atrae, vende… se puede polemizar con ella y hacer confrontaciónpolítica! ¡La muerte de un pobre hombre al que le lanzan un ladrillo desde una azotea por diversión infantil no tiene categoría para ser tenida en cuenta…es socialmente una especie de muerte menor, de menos categoría, sin embargo son dos muertes iguales de bárbaras e irracionales y tienen una misma lectura: Son el fruto de una enfermedad social, de un clima de perturbación de los valores, de falta de respeto a la vida e integridad del ser humano, y son el resultado de nuestra aceptación paulatina y como mal menor de la instalación de la violencia en nuestra cotidianeidad.


¿Hacia dónde nos dirigimos?. Contemplo horrorizado como personas que tenía como responsables, como ciudadanos de cierta normalidad, justifican actos y conductas violentas de sus hijos, incluso cuando esa violencia se ceba en ellos mismos, como consideran que esos comportamientos son simples actos de rebeldía y reacciones lógicas por el clima de frustración en el que vive un amplio sector de la juventud. Los mismos que salen a la calle pidiendo penas más severas para determinados crímenes justifican la violencia cuando la ejerce alguien de su entorno. En las calles la cordialidad ha sido sustituidapor las miradas desafiantes…. Existe un miedo efectivo en los ciudadanos, un temor a la agresión injustificada que pueda venir de cualquier parte, una desconfianza absoluta hacia las intenciones de quienes se pueden cruzar por la calle.


No debe ser moderno el respetarse los unos a los otros, no debe ser progresista el reprimir esa violencia extrema que aflora por todos los rincones, no debe ser socialmente correcto decir ¡basta ya!. Y, por supuesto, no está bien visto que se critique el tratamiento tan diferenciadoque los medios de comunicación dan a los actos criminales, según el grado de reacción que puedan producir en las gentes, según la sensación morbosa colectiva que se genere en el público. Constato una terrible falta de responsabilidad en el tratamiento de las noticias sobre sucesos violentos y monstruosos sin tener en cuenta del efecto multiplicador que en muchas ocasiones esa difusión produce. En un mundo enfermo, esos momentos de gloria que alcanza cualquier bárbaro que perpetra un crimen monstruosoproduce en otros individuos el anhelo, el deseo irreprimible de imitarlo, incluso superándolo, pero nadie hace nada ni expresa su preocupación. Hay queevitar que alcancemos mayores niveles de crispación, y son los poderes públicos los que deben de tomar la iniciativa y no con medidas represivas, llamativas pero inútiles, y a los hechos me remito. ¡Poco arreglo tiene esta epidemia sin la vacuna que supone una actuaciónpreventiva y formativa….Esa violencia, esos comportamientos delictivos y salvajes que se dan en todos los niveles sociales, en el seno de la familia, en la escuela, en el deporte, necesita ser abordada como lo que verdaderamente es, una epidemia tan mortífera o más aún que el ébola.


Tampoco se hacen demasiado eco los noticieros sobre otra enfermedad que empieza a ser preocupante y tiende a alcanzar un grado epidémico: Poco eco social ha tenido la detención de seis policías acusados de dar muerte a un hombre. Como siempre, y estoy convencido de ello, se trata de un episodio aislado, pero ya son demasiados estos hechos excepcionales, son ya muchas las actuaciones que llevan aparejadas detenciones e imputaciones contra miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, y siempre se acude al recurso de la excepcionalidad y dela anormalidad de este tipo de comportamientos..


¿Qué es, entonces, la alarma social?. Parece que ese concepto abstracto solo toma cuerpo cuando sobre una acción, un comportamiento, es debidamente espoleado, zarandeado y proclamado por los medios de comunicación… pero, ¿y los otros sucesos es que son más tolerables, no repugnan igual a la conciencia?. ¡Evidentemente si no se conocen demasiado, poca sensibilización pueden producir!


Es muy grave que se prodiguen esas conductas aisladas pero excesivamente frecuentes, por desgracia, entre quienes tienen como deber el salvaguardar el orden y la convivencia. Cada vez que aparece una noticia sobre la implicación de un miembro de las Fuerzas de Seguridad en hechos delictivos, sean relacionados con tráfico de droga, o por delitos contra la propiedad, o como en este último caso, a causa de la muerte de un ciudadano, siento un terrible escalofrío que se convierte en indignación cuando la noticia pasa sin pena ni gloria. Si un delito es siempre un acto reprochable, la participación en su comisión de personas perteneciente a los cuerpos policiales lo hacen aún más recriminable y debería producir mayor reacción, mayor alarma social.


Ciertamente, este fenómeno está presente en todos los países de nuestro entorno, de un mundo que se supone avanzado, en el mundo garantista de derechos en el que nos desenvolvemos. Pero esta extensión no justifica la proliferación de acciones de esta índole. También es cierto que este tipo de delito, de hechos excepcionales y aislados, son drásticamente reprimidos, contundentemente tratados a través de los propios mecanismos que las Fuerzas de Seguridad tienen establecidos, pero ello no implica que se cometan. Una enfermedad, un virus de este tipo entre los hombres y mujeres que salvaguardan y protegen a la ciudadanía es extremamente peligroso en cuanto afecta a su credibilidad, a su prestigio, a la confianza que necesitamos tener en estas personas. También se requiere una vacuna, una prevención de este riesgo, que debe establecerse de tal modo que sea imposible que se produzca ni un caso más.


Este tipo de virus, esta clase de epidemia deberían de tenerse muy en cuenta, porque las enfermedades sociales ponen en peligro la armonía y la pacífica convivencia.



Manuel Alba
Tel: () -
Email: abogadoalba@hotmail.com
Poblacion: Marbella
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