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  Cultura - Literatura
¡Esa generación del 27!
Manuel Alba
Marbella 

Cada vez que se rememora a aquellas mujeres y hombres que conformaron la lista de venerados y gloriosos integrantes de la llamada Generación del 27 me resurge el recuerdo de aquellos que no fueron justamente tratados, aquellos que fueron tenidos por segundones por mucho que, de vez en cuando, se les recuerde, aquellos que por circunstancias ajenas a la calidad de su obra e incluso a su acción y testimonio social fueron eclipsados por otros que alcanzaron la gloria por su activismo político, por la dramática circunstancia de su muerte o porque fueron, sencillamente, más conocidos.


Aquella generación tomó su nombre del año 1.927, cuando se reunieron en Sevilla gran parte de los escritores jóvenes del momento para homenajear a Góngora con ocasión del tricentenario de su muerte. De ellos son Federico García Lorca, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre, Gabriel Celaya, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Pedro Salinas, o León Felipe y pocos más los que han sido más encumbrados, quedando atrás, muy atrás, en la memoria tantos y tantos otros…algunos condenados al olvido.


Con una diferencia de diecinueve años de edad entre los mayores como Pedro Salinas, nacidos en 1.891, y el más joven, Miguel Hernández, nacido en 1910, no se puede definir como una auténtica generación aquel grupo heterogéneo en el que no solo se encuadran escritores sino que también hubo otros artistas, como la pintora gallega Maruja Mallo, Benjamín Palencia o Salvador Dalí, Ramón Gaya o Gregorio Prieto, músicos como el conocido Grupo de los Ocho, al que pertenecía Federico Mompou, sin olvidar a Ernesto y Rodolfo Halffter, arquitectos, como Rafael Bergamín, hermano del escritor, un cineasta, Luís Buñuel, filósofos como María Zambrano, y hasta un dibujante caricaturista, K – Hito . También se encuadran en el grupo el chileno Pablo Neruda, y el argentino Jorge Luís Borges, y escritores que no son conocidos como tales, como Salvador Dalí, cuya obra literaria debería ser reconocida.


En 1927, la edad media de estos artistas era de veinticinco años, es decir que ya tenían tras de sí una carrera en marcha, siendo conocidos y gozando alguno de ellos de cierta notoriedad. Se puede decir que es una generación, si se le puede calificar como tal, en la cual la mayoría de susmiembros han iniciado su singladura artística en los albores de la Dictadura de Primo de Rivera.


No tienen un lenguaje común, generacional, sino que van desde el neopopularismo de Lorca y Alberti, al surrealismo de Aleixandre, pasando por el purismo poético de Jorge Guillén. Cabalgaban entre los cánones de Menéndez Pidal o el más absoluto vanguardismo siguiendo a los novecentistas.Algunos fueron influidos por el krausismo a partir de su estancia en la Residencia de Estudiantes dirigida entonces por Alberto Jiménez Fraud. No son, en sí mismo una auténtica generación y tampoco hubo entre ellos una homogeneidad en materia ideológica, aunque la gran mayoría sufrió el destierro, el exilio. ¡Ni siquiera entre ellos reinó la concordia hasta el punto de resultar frecuencia los enfrentamientos personales más acerados!.


A mí siempre me sensibilizan las ausencias, esos nombres que los tiempos han ido dejando atrás con olvido o, cuanto menos, injusto desplazamiento, aunque se les haya homenajeado de vez en cuando y en cierta medida, en ocasiones de forma extravagante, o al menos a mi me lo parece, por ejemplo el caso de la gran filósofa María Zambrano, a quien en vez de dedicarle una biblioteca, haberle dado su nombre a una facultad universitaria,¡Málaga la honró dedicándole una estación de ferrocarril!.


Indudablemente, hay centros docentes, entidades culturales que llevan nombres tales como Luís Cernuda, Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, Pedro Salinas, etc… pero de ellos poco, casi nada, se recuerda, sus obras alcanzan el conocimiento del gran público, su difusión está extremadamente restringida a círculos muy minoritarios. Algunos han sido descabalgados de ese colectivo por motivos ajenos a la calidad de su obra, marginados por una tácita censura ideológica, entre ellos Agustín de Foxá, Rafael de León, Miguel Mihura, Edgard Neville o Enrique Jardiel Poncela, ejemplo sublime del teatro del absurdo el fundador de la revista La Gaceta Literaria, Ernesto Giménez Caballero

.

¿Quién recuerda como miembro de esa Generación del 27 a Ernestina Champourcí, Rafael Laffón, Alejandro Collantes de Terán, Pedro Pérez Clotet, Pedro Garfias o José López Rubio?. Son unos cuantos nombres de la lista de los desplazados. Por unas razones o por otras, la nómina del 27 se reduce a un puñado de nombres, unos pocos, mientras que la gran mayoría de aquellos artistas, poetas, dramaturgos, pintores o músicos pasaron al otro lado de la espesa cortina de la fama.
Sus destinos, en muchos casos, fueron trágicos, aunque parece que la muerte violenta y sin sentido solo debe ser llorada hasta el hastío en algún caso y olvidada cuando el acto cruel y despiadado vino de la manos de otro signo. Si injustificable y atroz fue la muerte de Federico García Lorca, no menos lo fue la de José María Hinojosa, fusilado por un pelotón de milicianos en la tapia del cementerio de San Rafael, junto a su padre, su hermano y casi cincuenta personas más como represalia a un bombardeo franquista en agosto de 1936.


Otros siguieron el camino de un largo exilio del que no regresarían jamás.En Málaga nacieron dos de los exiliados del 27, en la misma calle, la calle Strachan, uno en el número 4, otro en el número 7. Uno era Manuel Altolaguirre, el otro Emilio Prados, ambos simultanearon su labor creativa con la fecunda labor divulgativadesde la revista Litoral, que fundaron en 1926 con otro malagueño del que poco conocen las generaciones actuales, José Moreno Villa, escritor y pintor. A los tres el exilio les llevó a Méjico. Altolaguirre con su mujer, la escritora Concha Méndez, y su hija Paloma, aunque allí sus vidas se separasen.


Manuel Altolaguirre murió en España, en 1959, junto a su segunda esposa, la acaudalada mecenas y productora María Luisa Gómez de Mena, un accidente de automóvil sesgo sus vidas, una muerte que le hizo exclamar a Vicente Aleixandre: “Se nos ha muerto Manolito y él se lleva toda la época feliz”. Sus restos reposan en Madrid, en la Sacramental de San Justo, en un nicho junto al de su esposa, sin ningún cuidado, en un estado de lamentable abandono, una lápida contiene su epitafio: “Que mi alma no precisa sepultura Ni el tiempo quiere limitaciones Horas y muros Para mí, se acabaron”.


Emilio Prados no regresó… quien haya tenido ocasión de visitar el Panteón Jardín de Ciudad de Méjico encontrará allí su tumba, de piedra rojiza con su nombre en relieve en letras que parecen ser doradas, allí, en el más absoluto olvido, a escasos metros del lugar de reposo de quien fuese su amigo en otro tiempo, el genial y huraño Luís Cernuda, que tampoco regresó, no quiso.Emilio Prados murió en abril de 1962 y Cernuda en noviembre del año siguiente, poco más de dieciocho meses y veinte metros los separan.


Esas tumbas del cementerio, situado en el distrito de Coyoacan, que yo encontré abandonadas, han recibido tratamiento distinto, pues la del poeta sevillano ha sido restaurada, la del malagueño no. Tampoco regresó José María Moreno Villa, que murió en 1955. A los tres se les podría dedicar un poema, escrito por uno de ellos, Cernuda: “Soy español sin ganas/Que vive como puede bien lejos de su tierra/Sin pesar ni nostalgia. He aprendido/El oficio de hombre duramente,/Por eso en él puse mi fe./Tanto que prefiero/No volver a una tierra cuya fe,/ si una tiene, dejó de ser la mía,/Cuyas maneras rara vez me fueron propias, /Cuyo recuerdo tan hostil se me ha vuelto/Y de la cual ausencia y tiempo me extrañaron”.


Es tiempo ya de que estén todos en la lista, todos los que en esa mezcla heterodoxa de diversidades, heterogénea en estilos, ideas y actitudes que es la llamada Generación del 27, que se haga justicia a sus meritos sin estigmas, sin clavos ni coronas de espinas impuestos por ideologías ni banderas, porque todos, los que se fueron, los que se quedaron, los que volvieron, los que no regresaron, absolutamente todos, fueron frutos escogidos de un tiempo en el que las ramas de ese árbolque es el genio hispano, hoy en marchita decadencia, florecieron radiantes, iluminando al mundo con figuras irrepetibles. ¡No es justo que ninguno vague como fantasma en las tinieblas del olvido!

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  Relato - Opinion
El tiempo en los jardines
Manuel Alba
Marbella 

Me transmite mi buen amigo y gran maestro de la abogacía, D. José Luís Sanz Arribas una resolución de la Sección Tercera de la  Audiencia Nacional sobre un recurso planteado en un tema en el que tengo el honor y el orgullo de colaborar con él. El asunto es grave, problemático y sobre cuestiones que, por desgracia, están muy de actualidad, pues está relacionado con ese fenómeno terrible del llamado yihaismo, esa lacra que trae de cabeza a la humanidad.


Se trata de un asunto que comenzó su trámite con  el traslado, para su conocimiento y actuación, a la Fiscalía General del Estado de la puesta en internet por parte de un medio de comunicación nacional, importante y de difusión internacional, a través de la pagina web,  de un video que quien nos encomendaba el asunto consideraba de tal magnitud y relevancia no solo para su país sino para la seguridad  de España y del resto de Europa, que debía ser llevado a las instancias judiciales españolas.

 

El video en cuestión, analizado en profundidad, lo estimábamos como una exaltación a las actividades terroristas de una organización y, lo más grave, considerábamos que constituía una exhortación a participar en ellas dirigida especialmente a la juventud. Realizado en lengua árabe, es decir, dirigido a un muy concreto auditorio, sin subtitular en español, este video estuvo expuesto durante cuatro días y unas horas en el soporte de Internet del medio en cuestión.


La Fiscalía del Estado, que recibió el asunto y el vídeo con  la pertinente traducción al español, lo remitió al Fiscal especial en estas materias de la Audiencia Nacional que opto no iniciar actuaciones, considerando que había estado poco tiempo, cuatro días y unas horas, en el sitio de ese medio de comunicación en Internet, y que al estar en lengua árabe y faltar la identificación del medio con el contenido, carecía el asunto de carácter delictivo.

   

Reiniciamos el tema presentándolo ante los Juzgados de Instrucción Centrales de la misma Audiencia Nacional encontrándonos que  se sobreseyeron las actuaciones a instancias  del Fiscal, que pidió el archivo,  siendo preciso recurrir. Al recurso de apelación se volvió a oponer el Fiscal pidiendo su desestimación, por las mismas causas que venía argumentando..


En este estado de cosas, esperábamos el pronunciamiento sobre el recurso de apelación que nos ha llegado. Nos notifican un auto, una resolución de la Sección Tercera que analizando la situación planteada, los argumentos y el elemento más esencial que no es sino el propio vídeo, constata el peligro generado por los hechos y la posible comisión de delito de enaltecimiento del terrorismo y pormenoriza todos los detalles del vídeo, constatando las llamadas a los jóvenes musulmanes hacia la defensa y salvación de su religión y de su mundo frente a los infieles. La Sección Tercera de la Audiencia Nacional se expresa en términos tan rotundos como estos: “Desde luego, la naturaleza del video no ofrece dudas y su visionado es aún más explícito que la mera descripción del contenido…”.


Señala “que el contenido del vídeo constituye un claro ejemplo de enaltecimiento de la yihad y un llamamiento a los jóvenes marroquís a secundarla” , y afirma que “La difusión del vídeo, en principio, es claramente susceptible de generar o incrementar el riesgo efectivo de comisión de actividades terroristas”, señalando que ello es debido a la indiscutible situación en que vivimos, a su puesta en el espacio de internet de un medio de comunicación español con alcance internacional, y en tercer lugar al tiempo en que estuvo puesto en ese espacio.


Es preciso señalar que la Sección Tercera, y muy en concreto la Magistrada Ponente, Dª Clara Eugenia Bayarri, ha analizado el factor de la lengua de difusión del vídeo, el árabe, como elemento que confluye a pensar cómo va dirigido a un determinado auditorio y a un fin muy concreto, porque esa lengua “es perfectamente idónea para la difusión del mensaje entre las personas a las que va dirigido, y al mismo tiempo idónea para que pase desapercibido entre la población euroamericana”.

 

También  se ha estudiado el factor tiempo con minuciosidad, y al respecto dice el auto que “ en Internet son válidos la totalidad de los minutos, de los segundos, pues no existen horas valle ni horario más o menos comercial, sino que la totalidad del tiempo es tiempo de máxima audiencia en algún lugar del planeta”, señalado que “Este video estuvo expuesto en la red para su posible aprehensión perpetua y posible redifusión en proporciones exponencialmente multiplicadas, durante cuatro días dos horas y cincuenta y ocho minutos, esto es 98 horas y 58 minutos, o lo que es igual, 5.938 minutos, 356.280 segundos, sin que existan límites al número de descargas que se puedan efectuar cada segundo de dicho vídeo a lo largo del planeta ¿poco tiempo?. No lo considera así este Tribunal. El tiempo en Internet tiene otra magnitud que el tiempo en los jardines.


Esta meditación sobre el tiempo y su relatividad en nuestros días, su capacidad para multiplicarse a través de las nuevas tecnologías que le dan a un solo segundo una intensidad, una posibilidad de aprovechamiento, de utilización expansiva tan incalculable como impensable era la mera posibilidad de concebirlo hace unos pocos años, impone considerar cuan cautelosa debe de ser la sociedad en general y los medios de comunicación muy en particular a la hora de difundir cualquier tipo de idea, pensamiento, acción, situación y comportamiento con esas nuevas tecnologías porque se pueden poner  en peligro muchas vidas o se pueden impulsar actuaciones individuales y colectivas de alto riesgo para la convivencia.


Este auto de la Sección Tercera de la Audiencia Nacional ordena ir hasta el fondo de la investigación, una investigación que el Juzgado de Instrucción Central rehusó continuar archivándola a instancias de la Fiscalía por no ver lo que palmariamente se manifiesta con la mera visualización del vídeo en cuestión: un enaltecimiento del terrorismo, una llamada a la acción yihadista de los jóvenes, un mensaje difundido en un tiempo que el Fiscal considera breve e insignificante, pues no valora que cuatro días, dos hora y cincuenta y ocho minutos son esos 356.280 segundos de posibilidad de propagación, difusión y reproducción, de multiplicación cuasi infinita de sus efectos.  Lamentablemente ha pasado casi un año para llegar a este momento, porque la puesta en conocimiento de este asunto ante la Fiscalía General del Estado  se realizó el día 16 de diciembre de 2013, y el tiempo transcurrido si ha sido  un tiempo en los jardines…
 

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  Relato - Opinion
El hijo del náufrago
Manuel Alba
Marbella 

Hoy he recordado los comentarios que me hacía Alvaro Llopis, un primo de mi padre, siendo yo un mozalbete, acerca de un músico, insigne y poco conocido en aquellos tiempos, finales de los años sesenta del pasado siglo… Recordaba Alvaro haberle conocido antes de haber marchado a vivir a Madrid, y haber departido con el cada vez que venía por Málaga, por el Barrio de la Victoria.  Pasados los años, con ocasión del ensanche de la ciudad a la que venía siempre en mis periodos de vacaciones desde mi Sevilla natal, se construyeron nuevas calles y zonas residenciales en lo que se conoció entonces como prolongación de la Alameda. Una de esas calles lleva desde hace más de cuarenta años el nombre del insigne músico: Compositor  Lehmberg Ruiz.


Y hoy, esta tarde, escuchando una entrevista radiofónica que hacían a una eminente pianista, profesora titular del Conservatorio de Málaga, y que se prodiga poco en las salas de conciertos, Dª Paula Coronas, han venido a mi recuerdos de aquellas charlas de mi mocedad.  Dª Paula Coronas está haciendo una labor ímproba por recuperar la música de este compositor, como también lo ha hecho la Orquesta Filarmónica de Málaga, un compositor que tiene su calle pero que casi nadie conoce en la ciudad que le vio nacer, a pesar de que sus orígenes deberían despertar la curiosidad de sus conciudadanos.


Podríamos decir que Emilio Lehmberg Ruiz es el fruto emergente y genial de una tragedia vivida en Málaga a principios del siglo XX. Su nacimiento fue consecuencia muy directa de un desastre que desoló a la ciudad y que también constituyó una demostración excelsa de la solidaridad y la entrega de los ciudadanos cuando surge una desgracia.


Corría el 15 de diciembre de 1900 cuando amagaba un fuerte temporal de levante. Fuera del puerto estaba fondeada una fragata de la Marina Imperial Alemana, la Gneisenau, al mando del Comandante Kretschmann a quien  la Capitanía del Puerto le advirtió de la circunstancia y le recomendó que entrase a refugiarse, no estimando el mando alemán que fuese necesario hacerlo.

  

La fragata llevaba un mes en Málaga, esperando instrucciones para dirigirse a Mogador, en Marruecos, para recoger a un diplomático de rango suficiente y en misión tan trascendente como para que el Imperio Alemán le enviase un navío de los más punteros de si Armada. Durante ese mes fueron frecuentes las visitas a la ciudad de los miembros de la tripulación, sintiéndose muy bien acogidos.

 

El día 16, a media mañana, la Gneisenau se hundía azotada por el temporal en un espectáculo dantesco que hizo que numerosos malagueños se lanzaran a rescatar a los más de cuatrocientos tripulantes. Murieron 41 marinos alemanes y 12 malagueños de los muchos que no dudaron en arriesgar sus vidas en las labores de salvamento en mitad de una auténtica tempestad.  El Cementerio Ingles de Málaga dio cobijo para siempre a los cuerpos de aquellos infortunados marineros alemanes y si bien la ciudad conserva el recuerdo del puente conocido como “de los alemanes”, donado por el II Reich con ocasión de la riada de 1907, el gesto de solidaridad no se hizo esperando recompensa, ni tampoco se quedó en la arriesgada labor de rescate porque los supervivientes fueron acogidos y cuidados por las muchas familias malagueñas que se ofrecieron a tan meritoria labor. Por tal encomiable y humanitaria labor con aquellos marinos que compartían con ella su origen, la Reina Regente María Cristina otorgo a la ciudad el título de “Muy Hospitalaria”.


Una de esas familias era del Barrio de la Victoria, de la calle que recibía el nombre de la antigua Ermita del Cristo de la Epidemia. En su casa acogieron a un marino  llamado Otto Lehmberg, quien sufría graves heridas en una pierna. Otto se enamoró de la hija de sus anfitriones y no regresó a su patria, casándose con la joven, con Conchita Ruiz. La pareja tuvo dos hijos, aunque sobrevivió uno de ellos, llamado Emilio, y establecieron una tienda de ultramarinos en la Coracha.  Emilio Lehmberg fue, por lo tanto, una feliz consecuencia de una descomunal tragedia, como antes señalaba.

 

Su vocación musical le llevó a los siete años al Conservatorio, se aplicó en el estudio del violín y fue, por lo tanto, violinista, aunque también estudió piano, si bien su labor como compositor resultó enormemente meritoria destacando en piezas para orquesta de cámara. Dicen algunos expertos, indudablemente  más doctos que yo en la materia, que en su música se aprecia la influencia de Falla e incluso de Ravel, aunque yo tengo la impresión de que, a esas influencias se suma una impronta, una energía propia, tal vez por su origen germánico.


Su obra es extensa, y abarca varios géneros. En la entrevista radiada de la Profesora Coronas he podido conocer que en breve se va a poner en circulación un disco con una serie de piezas entre las cuales hay varias dedicadas a temas malagueños, un disco que servirá, sin duda alguna, para acercar a los malagueños a este compositor.


No conozco demasiado de su obra, pero si me han impresionado piezas como “Impresiones de atardecer”, “La Romería de Zamarrilla” o su única pieza sinfónica, estrenada en Málaga después de su prematura muerte, la “Sinfonía para la festividad de Santa Cecilia”. Pero Lehmberg también compuso música para cine y algunas piezas para el género ligero conocido como “La Revista”. Pocos saben que el Chotis “Prudencia” o el Pasodoble “Cántame un pasodoble español”  son obras suyas, siendo el letrista Toni Leblanc.


Emilio Lehmberg, el Compositor Lehmberg Ruiz, murió muy joven,  a los 53 años de edad. Su nacimiento fue fruto indirecto de un desgraciado acontecimiento, su muerte también estuvo tocada por el mismo signo trágico pues fue arrollado por un tren de mercancías en la estación de Las Rozas, en Madrid, el 24 de agosto de 1959.

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  Relato - Opinion
El joven impostor
Manuel Alba
Marbella 

España tiene rasgos marcadamente surrealistas y la vida cotidiana nos los muestra con todo su rigor, aunque no somos capaces de percatarnos en la mayoría de las ocasiones. Las situaciones que se producen en nuestro país y las posteriores explicaciones que se dan sobre las mismas deberían dejarnos perplejos.


A mí me ha impactado muy especialmente las andanzas de ese muchacho de veinte años que ahora nadie dice conocer pero que ha estado merodeando por las altas cimas del poder y campando como Perico por su casa en despachos, congresos y recepciones.


Ese joven Nicolás, cuyas aventuras se atribuyen a unos desmedidos delirios de grandeza, es ahora tildado de farsante, megalómano y estafador, señalado por impostor, intruso, pesado recalcitrante, pero nopuedo creer que sea cierto, totalmente cierto. Vender a la opinión pública la idea de que se trata de un tarado, de un chiflado más de esos que pululan por todos los ambientes es algo que debería meditarse porque seguramente, detrás de este asunto, asistiremos a un nuevo conflicto, a un nuevo escándalo.


Cuando leí las impresiones que a la Juez de Guardia de Madrid le había dado el asunto y el propio muchacho me identifiqué inmediatamente con ella. ¡Por muy fantasioso, por muy farsante, por muy megalómano que sea el tal Nicolás, no habría llegado a ningún sitio si alguien no le abre las puertas!


Todo lo que se cuenta, y sobre todo, las personas que lo cuentan, dan por sentado que vendía muy bien su imagen y sus supuestas influencias, sin caer en el detalle de que a la vista de las imágenes, el muchacho aparenta ser aún más joven de lo que en realidad resulta ser. ¿Cómo se ha podido confiar en determinados ambientes de un chaval imberbe que parece un quinceañero?


Según parece se permitió incluso intervenir ante los querellantes del caso de las presuntas fechorías del Sr. Urdangarín, ofertó pactos, medió en asuntos de entidad, sin que nadie preguntase de donde había salido el jovencito. ¡Eso es imposible de digerir, y menos para quienes sabemos lo complejo que resulta burlar determinados dispositivos de seguridad!


¡Utilizaba automóviles de alta gama con chofer y llevaba escoltas o personas que se hacían pasar por tales!… Para alquilar un vehículo de esa índole se precisa avalarlo, garantizarlo, no son costes superfluos y precisan dinero en abundancia, al igual que el pago de personas que hagan de escoltas. No es accesible a cualquier presupuesto el pago de un automóvil con conductor, y, sin embargo, este joven lo hacía con absoluta habitualidad. ¿Quién financiaba estos alquileres?


Entrar en cualquier sitio en el que se encuentre una autoridad, por poco rangoque esta tenga, requiere pasar unos controles de seguridad, una identificación, unos protocolos que este muchacho se ha saltado a la torera. Quienes hemos visitado en sus despachos a autoridades de alto rango hemos sido sometidos a esos controles aun siendo esperados en el despacho y teniendo relación de íntima amistad con el personaje en cuestión, y tantas veces como se ha rendido la visita se han tenido que cumplimentar los trámites de identificación y control de seguridad. En muchas ocasiones he constatado que incluso personas que iban asistidas de escoltas eran identificadas así como que se constataba que, efectivamente, los agentes que le acompañaban estaban desempeñando esa misión. Me resulta imposible de creer que un muchachito con cara de niño bueno pase controles, acceda a despachos de autoridades o de personalidades del mundo político y financiero sin que nadie se preguntase absolutamente nada sobre qué pintaba por aquellos lares.


Que un empresario, un político o quien sea caiga en la falsa por el encantamiento de la locuacidad y la apariencia de poder que el joven Nicolás ofrecía es algo inconcebible, y acudir al reduccionismo y decir que se trataba de un fantasioso manipulador me resulta de un cinismo impertinente y ofensivo.


No me cabe duda que los delirios de grandeza y la megalomanía del muchacho sean desorbitados, y no es el primer caso ni será el último, es más, puedo asegurar por conocimiento propio que alguno que otro llegó a las altas esferas políticas a base de hacerse notar como importante e influyente. Pero esas ínfulas y esas paranoias tienen un límite, y no es fácil mantener ese pulso ante personas de mucha mayor edad y experiencia, de personas que con una llamada de teléfono aceden a conocer a quien tienen delante.


Las informaciones publicadas hablan de posesión de datos que no los tiene cualquier funcionario por muy cualificado que sea, un agenda de teléfonos y contactos también de difícil obtención… ¡No puede venderse ahora esta situación como una anécdota!. El acceso a determinados datos, a lugares muy restringidos e incluso a la recepción de proclamación del Rey por parte de un joven con cara de niño que lleva algunos años, desde los dieciséis o diecisiete años, medrando por círculos de poder e influencia no es algo para tomar en broma

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Evidentemente que ha fallado algo, que los sistemas de control y de seguridad no han estado a la altura de las circunstancias, pero el hecho de que, a pesar de ello, este jovencito haya gozado de una credibilidad y de una estima que ahora le niegan pero que ha resultado indudable denota que hay algo más que debe investigarse.


Este tal Nicolás, el paranoico megalómano ha tenido, necesariamente, un respaldo desde los círculos del poder, incluso me atrevo a dar por hecho que ha prestado algún servicio, que ha sido utilizado para realizar algún cometido, aunque puede que se haya excedido y el asunto se haya ido de las manos de quien lo debiera controlar. No puede haber otra explicación para que las aventuras del joven impostor hayan llegado tan lejos, no puede justificarse de otro modo el acceso a los medios para poderse mover de tal modo y con tal alarde.


Lejos de ser una curiosidad, y de tomar el tema en plan burlesco habría que preguntarse quién, por qué y para qué amparaba y daba cobertura a este muchacho, debería investigarse con firmeza y rigor, llegando al fondo del asunto, porque la versión del loco ambicioso que iba a su aire y al que nadie parece conocer es de muy difícil encaje, poco creíble por inverosímil, por imposible.

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  Relato - Opinion
Otras epidemias
Manuel Alba
Marbella 

La lectura de los periódicos, o los noticiarios de radio y de televisión nos han acostumbrado a asumir determinados acontecimientos como habituales, hasta tal punto de que no escandalizan a nadie, mientras que nos brindan otras notician con el suficiente grado de alarma para que, en efecto contrario, la sociedad clame, se irrite, se indigne o se aterre.


¡Todos los días nos agitan sucesos escandalosos, violentos, espantosos!. Pero no todos esos acontecimientos nos alcanzan con la misma intensidad, es más, mientras unos permanecen en el tiempo con una fuerza mantenida y alimentada, otros pasan de largo de tal modo que al cabo de escasas jornadas ya ni se recuerdan.


En estos días la sociedad tiembla por una enfermedad hasta ahora desconocida, un nuevo mal que ha sorprendido al mundo y sobre el cual se especula, se opina, se teoriza y se politiza, como pasa con todo. Ese “ébola”, virus con nombre de río que sobrecoge por lo que de incertidumbre supone para este mundo tan civilizado y tan preparado para solventar cualquier contingencia. Una vez más la Naturaleza sorprende al ser humano con un fenómeno que le hace recordar que en cualquier momento puede sobrevenir lo imprevisible, lo desconocido, y obliga a reflexionar sobre la fragilidad de la vida.


Nos mostramos conmovidos, indignados, temerosos ante esta nueva enfermedad que se puede extender por el mundo si no se encuentra remedio en breve plazo, pero lo que a mí me asombra es que hay otras epidemias en nuestro planeta, hay otros males que se transmiten con efecto multiplicadory que dejamos pasar con demasiada laxitud. Uno de esos males, una enfermedad que no aumenta la temperatura corporal es el clima de violencia extrema en que vivimos inmersos, una dinámica espiral que lleva a la incertidumbre.


En estos días se ha sabido que un hombre ha muerto después de tener un altercadocon unos adolescentes, otro ha perdido la vida alarrojarle un ladrillo desde una azotea un niño de once años,… Todos los días asistimos a hechos de esta índole en nuestro país y en todo el mundo sin que nadie se escandalicen. Son noticias que pasan de puntillas por los medios de información y desaparecen en cortísimos espacios de tiempo…


Me preocupa enormemente que en un momento crítico para nuestra sociedad, los hechos violentos tengan distinto tratamiento, distinta difusión según sean rentablemente noticiables o políticamente aprovechables . ¡La execrable muerte de una mujer a manos de un malnacido tiene eco, atrae, vende… se puede polemizar con ella y hacer confrontaciónpolítica! ¡La muerte de un pobre hombre al que le lanzan un ladrillo desde una azotea por diversión infantil no tiene categoría para ser tenida en cuenta…es socialmente una especie de muerte menor, de menos categoría, sin embargo son dos muertes iguales de bárbaras e irracionales y tienen una misma lectura: Son el fruto de una enfermedad social, de un clima de perturbación de los valores, de falta de respeto a la vida e integridad del ser humano, y son el resultado de nuestra aceptación paulatina y como mal menor de la instalación de la violencia en nuestra cotidianeidad.


¿Hacia dónde nos dirigimos?. Contemplo horrorizado como personas que tenía como responsables, como ciudadanos de cierta normalidad, justifican actos y conductas violentas de sus hijos, incluso cuando esa violencia se ceba en ellos mismos, como consideran que esos comportamientos son simples actos de rebeldía y reacciones lógicas por el clima de frustración en el que vive un amplio sector de la juventud. Los mismos que salen a la calle pidiendo penas más severas para determinados crímenes justifican la violencia cuando la ejerce alguien de su entorno. En las calles la cordialidad ha sido sustituidapor las miradas desafiantes…. Existe un miedo efectivo en los ciudadanos, un temor a la agresión injustificada que pueda venir de cualquier parte, una desconfianza absoluta hacia las intenciones de quienes se pueden cruzar por la calle.


No debe ser moderno el respetarse los unos a los otros, no debe ser progresista el reprimir esa violencia extrema que aflora por todos los rincones, no debe ser socialmente correcto decir ¡basta ya!. Y, por supuesto, no está bien visto que se critique el tratamiento tan diferenciadoque los medios de comunicación dan a los actos criminales, según el grado de reacción que puedan producir en las gentes, según la sensación morbosa colectiva que se genere en el público. Constato una terrible falta de responsabilidad en el tratamiento de las noticias sobre sucesos violentos y monstruosos sin tener en cuenta del efecto multiplicador que en muchas ocasiones esa difusión produce. En un mundo enfermo, esos momentos de gloria que alcanza cualquier bárbaro que perpetra un crimen monstruosoproduce en otros individuos el anhelo, el deseo irreprimible de imitarlo, incluso superándolo, pero nadie hace nada ni expresa su preocupación. Hay queevitar que alcancemos mayores niveles de crispación, y son los poderes públicos los que deben de tomar la iniciativa y no con medidas represivas, llamativas pero inútiles, y a los hechos me remito. ¡Poco arreglo tiene esta epidemia sin la vacuna que supone una actuaciónpreventiva y formativa….Esa violencia, esos comportamientos delictivos y salvajes que se dan en todos los niveles sociales, en el seno de la familia, en la escuela, en el deporte, necesita ser abordada como lo que verdaderamente es, una epidemia tan mortífera o más aún que el ébola.


Tampoco se hacen demasiado eco los noticieros sobre otra enfermedad que empieza a ser preocupante y tiende a alcanzar un grado epidémico: Poco eco social ha tenido la detención de seis policías acusados de dar muerte a un hombre. Como siempre, y estoy convencido de ello, se trata de un episodio aislado, pero ya son demasiados estos hechos excepcionales, son ya muchas las actuaciones que llevan aparejadas detenciones e imputaciones contra miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, y siempre se acude al recurso de la excepcionalidad y dela anormalidad de este tipo de comportamientos..


¿Qué es, entonces, la alarma social?. Parece que ese concepto abstracto solo toma cuerpo cuando sobre una acción, un comportamiento, es debidamente espoleado, zarandeado y proclamado por los medios de comunicación… pero, ¿y los otros sucesos es que son más tolerables, no repugnan igual a la conciencia?. ¡Evidentemente si no se conocen demasiado, poca sensibilización pueden producir!


Es muy grave que se prodiguen esas conductas aisladas pero excesivamente frecuentes, por desgracia, entre quienes tienen como deber el salvaguardar el orden y la convivencia. Cada vez que aparece una noticia sobre la implicación de un miembro de las Fuerzas de Seguridad en hechos delictivos, sean relacionados con tráfico de droga, o por delitos contra la propiedad, o como en este último caso, a causa de la muerte de un ciudadano, siento un terrible escalofrío que se convierte en indignación cuando la noticia pasa sin pena ni gloria. Si un delito es siempre un acto reprochable, la participación en su comisión de personas perteneciente a los cuerpos policiales lo hacen aún más recriminable y debería producir mayor reacción, mayor alarma social.


Ciertamente, este fenómeno está presente en todos los países de nuestro entorno, de un mundo que se supone avanzado, en el mundo garantista de derechos en el que nos desenvolvemos. Pero esta extensión no justifica la proliferación de acciones de esta índole. También es cierto que este tipo de delito, de hechos excepcionales y aislados, son drásticamente reprimidos, contundentemente tratados a través de los propios mecanismos que las Fuerzas de Seguridad tienen establecidos, pero ello no implica que se cometan. Una enfermedad, un virus de este tipo entre los hombres y mujeres que salvaguardan y protegen a la ciudadanía es extremamente peligroso en cuanto afecta a su credibilidad, a su prestigio, a la confianza que necesitamos tener en estas personas. También se requiere una vacuna, una prevención de este riesgo, que debe establecerse de tal modo que sea imposible que se produzca ni un caso más.


Este tipo de virus, esta clase de epidemia deberían de tenerse muy en cuenta, porque las enfermedades sociales ponen en peligro la armonía y la pacífica convivencia.


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Manuel Alba
Tel: () -
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